El café es una de las cosa las que más me gustan en vida, y el estar de viaje no lo cambia en absoluto. Es muy interesante ver cómo en distintos lugares del mundo hay una "cultura" del café totalmente distinta. Recuerdo como si fuera ayer -y eso que pasaron varios años desde la última vez que visité ese país- como en Bolivia hacían café agregando al agua o la leche una "esencia de café", que era un líquido marrón con un gusto que no se acercaba tanto al café realmente. O cómo el Esmirna, Turquía, pedí un café en un localcito chiquito a orillas del Egeo, y los mozos se rieron largo y tendido de mi cara de asco cuando probé ese menjunje fuerte con el poder de despertarte más rápido que un salto en bungee-jumping. Lo solucioné tomando Çay el resto del viaje, no me quedó otra.
{té junto al típico yogurt con miel y semillas de amapola}





