jueves, 1 de febrero de 2024

De paseo por los países bálticos (Estonia - Letonia - Lituania)

¡Hola a todos! ¿Cómo están? ¡Espero que genial! ¡Volví al blog, sí! Aunque siempre quiero escribir nunca me hago el tiempo, pero últimamente me encuentro pensando en este viaje tan seguido que por qué no compartirlo en el blog. 

Visitar Estonia-Estonia-Lituania siempre fue un anhelo mío: me imaginaba estos países tan lejanos y distintos a lo que ya conocía de Europa, y fantaseaba con el momento en el que finalmente pusiera un pie en ellos. No había podido incluirlos en algún recorrido europeo anterior por un tema de distancias (y costos de los pasajes) hasta que finalmente, después de mi paso por Marruecos (sola) y Egipto (con mi mejor amiga) encontré un vuelo barato vía Estambul a Vilna, y pude concretar este deseo. Con Ann viajamos de Cairo a Estambul, y de ahí nos separamos: ella de vuelta a Buenos Aires y yo camino a Vilna, Lituania.


Llegué a Vilna sin haber googleado nada de info al respecto: cuando aterricé ahí vi unos folletos que promocionaban el bus que conectaba el aeropuerto con el centro de la ciudad, que decía que los boletos se podían comprar por un euro al conductor. Yo no tenía conectividad fuera del wifi del aeropuerto, así que busqué las instrucciones para llegar desde la plaza central (una parada del recorrido) a mi alojamiento (eran unas pocas cuadras) y salí a esperar el bus. Esperé como una hora.

Lo que yo no sabía es que el pago en efectivo al conductor ya no era posible desde la pandemia, y que el conductor no hablaría absolutamente nada de inglés. O español. O italiano. O francés. Básicamente me dio a entender con señas que tenía que pagar con el celular (yo no tenía ni conexión, mucho menos una app específica) y cuando me quise bajar (no tenía forma de pagarle, así que mi otra opción era tomarme un taxi) arrancó. A todo esto, creo que nunca había visto una persona tan poco simpática desde que me fui de Praga en 2016. Volviendo: básicamente viajé sin pagar y el conductor me hizo señas cuando llegamos a la plaza central de que tenía que bajarme, de que ahí iba yo. Después de caminar unas cuadras llegué a mi alojamiento, que era un conjunto de casas que compartían un patio central y una puerta de ingreso grande tipo de garage. La señora que me recibió tampoco hablaba ni una palabra de inglés, y nos comunicamos vía Google translate. Me gustó mucho este lugar, quizás porque me tocó una de las casas de atrás que eran más silenciosas, y sin duda porque estaba muy bien ubicado y había sido de las opciones más baratas en Vilna. Me quedé tres noches, y podrían haber sido varias más. 

Caminar por Vilna es como estar dentro de un cuento. Su casco antiguo es uno de los centros medievales mejor conservados de Europa del Este, y tiene una belleza que no se puede explicar en palabras. Conocí por Couchsurfing a una chica polaca que estaba ahí por trabajo, y a un muchacho italiano que estaba visitando a su hijo (su ex era lituana) y con ellos recorrí la ciudad y salí a comer los dos días (completos) que pasé en la ciudad.

Comida típica lituana

También paseé sin rumbo por las callecitas empedradas y laberínticas, café en mano, sin caer del todo que finalmente estaba en una región que siempre había querido conocer. Al tercer día caminé hasta la estación de buses y me fui a Riga, Letonia.




En poco más de 4 horas de micro se viaja de Vilna a Riga, y la estación de buses a la que se llega está muy bien ubicada. Yo caminé 1 km hasta mi hostel, que se encontraba justo enfrente del enorme Parque Bastejkalna, con vista al monumento a la libertad.




A principio de mayo todavía hacía mucho frío, por lo que la primer tarde ahí fui a comprarme un poco de abrigo para compensar lo mal preparada que estaba para ese clima. Y no fui la única: unos días después conocí a una chica checa que, recién llegada, tuvo el mismo problema. La acompañé a comprar abrigo mientras tomábamos chocolate caliente y hablábamos de nuestros viajes.

Riga es una ciudad muy cosmopolita, y ahí tuve la suerte de conocer mucha gente, tanto locales como de las mas diversas nacionalidades. Si bien mi parte preferida de un viaje es salir a caminar sola, también disfruté de la compañía de turistas y locales. Brindé en un rooftop secreto con una chica letona que quería practicar su español, fui agasajada por músicos callejeros con el himno argentino mientras caminaba por la parte más antigua de la ciudad con un periodista bielorruso exiliado (en lo que fue uno de los momentos más surrealistas de mi viaje y quedó inmortalizado en las historias destacadas de mi instagram), me encontré con una celebración típica del día de la independencia caminando sin rumbo con un egipcio, y tuve un mega humbling moment cuando una italiana, una noche, en un bar en el que nos habíamos reunido unos cuantos, me comentó como al pasar que hablaba a la perfección ruso, chino, inglés e italiano, además de un poco de algunos otros idiomas. La ciudad, y su gente me gustaron tanto que terminé quedándome casi una semana.



El parque Bastejkalna -con sus canales y extensión fuera de toda proporción- y la parte más moderna de la ciudad, llena de edificios art noveau, son dos de las imágenes que más gravadas me quedaron de todos mis viajes. Seguramente estoy viviendo ahí en algún universo paralelo.  




Muy a mi pesar finalmente tuve que dejar Riga. En Tallin, Estonia, me esperaba un vuelo a París unos días más tarde. El micro demora unas 4 horas y media en recorrer ese trayecto. La estación de buses no está muy cerca del casco histórico (a unos 2,5 km), y a diferencia de los otros dos destinos, sentí que las distancias en Tallin entre atractivos turísticos eran más grandes y a veces más complicadas de recorrer: la ciudad tiene distintas alturas, calles sin salida y partes amuralladas. 





Tallin, al igual que las otras ciudades bálticas, tiene una identidad muy distintiva. En líneas generales, me pareció super interesante el contraste de su arquitectura medieval con bares y museos mucho más modernos y experimentales. En Tallin compartí la mayor parte del tiempo con un amigo italiano que me había hecho en la ciudad anterior, y con una chica china que estaba visitando a su novio estonio. Los tres incluso pasamos un día en Helsinki, que, si les interesa, les cuento en otra publicación, por si quieren hacer esa escapada en ferry.

Si están en Europa, pueden acceder en aerolíneas low cost que tienen muy buenos precios y muchas frecuencias a esta ciudad, y después conectar los tres países de la región por bus, como hice yo pero en sentido inverso. Si bien no son un "destino clásico", no me canso de recomendarlo a todos los que me hablan de sus planes de viajes a Europa: son relativamente económicos y de lo mejor que he tenido la suerte de visitar. 

Uds. ¿conocen los países bálticos? Y si no ¿Cómo se los imaginan?

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